sábado, 22 de enero de 2011

Historia de la pasta italiana y su cocina

Durante mucho tiempo existió la creencia de que la pasta era un invento de los chinos y fue el célebre y conocido viajero Marco Polo quien la introdujo en Italia. Sin embargo, el hallazgo de unos murales etruscos del siglo IV a.C. en los que aparecían diversos instrumentos para fabricar y cocinar pasta demostraron que este plato apareció a lo largo de la historia en diferentes puntos del planeta.
En Italia, la pasta seca se remonta a los tiempos del Imperio romano, que tras un periodo de crisis de abastecimiento de alimentos, los habitantes secaron láminas de pasta para evitar que el trigo, la base de su alimentación, se estropeara por el efecto del moho o los parásitos.
En el XVII, y durante otra crisis alimentaria, se aplicaron métodos de producción nuevos, gracias, especialmente, a la invención del torno mecánico. De este modo, la pasta seca, muy parecida a la que actualmente se consume, se extendió como el alimento cotidiano entre las clases populares.
Con el siglo XX llegaron grandes avances en producción y difusión internacional de la pasta. Un ejemplo de su éxito mundial: en el año 2000, Italia dedicó la mitad de su producción a la exportación.
Aunque la gastronomía había nacido ya en la Grecia clásica, fueron los romanos quienes la llevaron a las mayores cotas de perfección y, en algunas ocasiones, de obsesivo exceso. Gracias a su vasto imperio, las mesas de la alta sociedad de Roma estaban abastecidas de todo tipo de productos: trufas de África, vinos de Grecia, frutas de Armenia, pavos reales de Asia... Los gustos eran refinados y la curiosidad de cocineros y comensales favorecieron la creación de nuevos platos. Entre los cocineros destacó Apicio, quien daba de beber vino y miel a sus cerdos para después cocinar sus hígados.
Los romanos cuidaron tanto el contenido de sus platos como las formas a la hora de disfrutarlos. Comían reclinados en el triclinio, un lecho en el que cabían tres personas y que dio nombre a toda la sala. En el caso de los personajes más ricos -y excéntricos- los triclinio podían ser de plata maciza, así como sus vajillas y las mesas eran de maderas preciosas, bronce o mármol. Comer era todo un ritual, que se acompañaba de baños, coronas de rosas para los invitados y variados espectáculos (música, bailarinas, comedias...)